miércoles, 14 de diciembre de 2016

DÍA 13 / LIBRO 13: En lo hondo bajo fondo

Bombara, Paula. Lo que guarda un caracol. Buenos Aires: Loqueleo, 2016.

Una vez más, Paula Bombara escribe una novela de esas que atrapan por su intensidad y por la elección de temas candentes.
 En esta oportunidad, Paula elige centrarse en el ingreso al mundo adulto, marcado por la competencia académica y por las decisiones personales y laborales que estamos obligados a tomar en cierta instancia de nuestra historia.
Cómo encarar el futuro que ya es presente, cómo sostener la permanencia en un nuevo mundo en el que todo es presión y responsabilidad.      



El eje narrativo de Lo que guarda un caracol se mueve en torno a individualidades a las que les cuesta vincularse entre sí. Cinco científicos en un mismo grupo de investigación. Fernando, el director, Agustina, Alejo, Lucrecia y Mirko. A diferencia de sus compañeros, Mirko recién empieza la carrera y se acaba de incorporar al grupo. Para la mayor parte de la gente, es un “bicho raro”. 

Mediantes capas y capas de seguridades, a lo largo de sus vidas los cinco fueron protegiéndose, cada uno a su modo y guiado por diferentes causas. Igual que los caracoles: “Toda la vida el caracol refuerza su refugio”, leemos a modo de recibimiento en el primer epígrafe de capítulo. La tranquilidad de haberse recibido y de estar llevando una vida académica dedicada a la investigación  científica contribuye a este propósito. El laboratorio, en este sentido, funciona no solo para pruebas científicas, sino también para probar, errar o acertar en el plano emocional. ¿Qué hará cada uno frente a un leve temblor? ¿Y si el temblor crece hasta volverse terremoto? Vincularse con las rarezas particulares de los otros será para los protagonistas el gran desafío. Algunos lograrán con éxito la tolerancia y otros sufrirán su crisis y deberán encontrar nuevos espacios de exploración en su propio interior.   

En esta línea, Lo que guarda un caracol también aborda el perdón como una decisión que el adulto debe tomar. ¿Perdonar a quien nos lastima o a quien nos traiciona es posible? Hay frustraciones que conducen al resentimiento y a la ira. Los cinco personajes se enfrentan a un fracaso, a un impedimento o a una exigencia extrema.
Alejo y su frustración ante la imposibilidad de ser padre, de dar vida.
Agustina y su frustración ante la excesiva dificultad de escribir su tesis.
Lucrecia y su frustración frente los mandatos de sus padres, los deseos de su novio y la idea de un futuro de Susanita en su pueblo, aislada de los centros científicos.
Fernando y su frustración frente al no poder dirigir un grupo humano cuyo eje sea la inclusión.
Mirko y su frustración ante el desvío de sus planes, mediante los cuales construye un orden para sentirse seguro. Porque, recordemos, él es el “bicho raro”.

“No necesitaba ser el mejor al lado de ella. Hasta podía ser un fallado y ella estaría ahí”, reflexiona Alejo sobre la relación con su mujer. Agustina, en otro pasaje, cuenta lo que le explicó Fernando: “[él dijo] que había sistemas con fallas que no daba muestras de ellas, pero que eso no significaba que no estuvieran falladas”. La insistencia en mantener un orden estricto, tanto en el laboratorio como en su vida, hace que a Agustina le resulte intolerable convivir con “la falla” de Mirko, a la que ella considera monstruosa.
Por otra parte, la opinión inicial de Alejo sobre Mirko: "(...) pensó en él como en alguien fallado, en algo fallado pero que era una amenaza”. Peligro para la estabilidad, para el mundo ordenado con cada cosa en su casillero correspondiente.  Peligro de monstruo.
Fernando, rememorando su estadía en la Antártida, confiesa: “Mirando esas aguas sin fondo cayó en la cuenta de que ese hueco también era parte de él. Tuvo que irse al hielo de la Antártida para poder desnudarse ante sí mismo y aceptarse como era”. Fernando logró realizar el proceso de la aceptación de lo propio como lo diferente, lo particular, lo desajustado.  

Dividida en capítulos bien diferenciados según el protagonista en el que hace foco y por capítulos-flashback de recuperación del pasado, la novela une voces, junta secretos íntimos que únicamente muestra ante el lector.
El estilo que usa el narrador para los capítulos en los que Fernando es el protagonista está marcado por el ritmo de las preguntas y las respuestas, estas últimas a veces seguras y muchas veces arena movediza.  ¿Cuál podrá ser la razón de esa elección a la hora de narrar? Quizás porque Fernando es un científico y su labor se destaca por la curiosidad, la investigación, el planteo de hipótesis. La duda.
Para Lula, en cambio, el narrador prefiere los párrafos de una o dos oraciones cortas, como si su identidad discursiva no estuviese aún definida o convencida de sí misma.  
Agustina y Alejo se enmarcan en capítulos de escritura más tradicional, en los que los personajes se van transformando a lo largo del libro, mostrando sus miedos más profundos.
Los parlamentos que relatan la intimidad de Mirko, por su parte, no tienen la puntuación tradicional, sino que las pausas del discurso están marcadas por espacios. Por silencios, podríamos decir. ¿Por lo que está pero no hace falta decir? ¿Por zonas de reflexión?

La historia de cada uno de los protagonistas da para una novela propia. Hay mucho material narrativo en todas ellas. Separadas, las historias de Lula, Fernando, Alejo, Mirko y Agustina se esbozan como grandes vueltas de caracol. Con recovecos a explorar y rugosidades para tocar. Pero juntas, y acá me parece que radica la cuota máxima de originalidad que tiene el libro, nos recuerdan que uno nunca está aislado, sino que formamos parte integral de un todo que nos modifica constantemente.  
¿Qué guarda un caracol? Difícil saberlo. Es un bicho raro con muchas vueltas. Aunque podemos adivinar que su fondo casi inaccesible también es una superficie rugoso y llena de incógnitas.